viernes, 12 de agosto de 2011

Los pingüinos de papá (por Fernando E. Juan Lima)

Los pingüinos de papá (Mr. Popper’s penguins, EEUU/2011/90’).
Dirección: Mark Waters.
Guión: Sean Anders, Jared Stern, John Morris. 
Intérpretes: Jim Carrey, Carla Gugino, Madeline, Carroll, Clark Gregg, Philip Baker Hall, Ophelia Lovibond, Maxwell Perry Cotton, Jeffrey Tambor.

            Mark Waters había dirigido Chicas pesadas (2004), pero su película anterior a Los pingüinos… era la insufrible Los fantasmas de mis ex (2009); para peor, estreno en versión doblada y pingüinos digitales y animatronics: las perspectivas eran desalentadoras. Sin embargo, en el contexto, Los pingüinos… es una módica y agradable sorpresa. En un tono y con cierta renuncia al verosímil que la conectan con los largos no animados de Disney de la década del 70, aquí tenemos una fábula que combina esa mirada con el consabido histrionismo de Carrey y toques de comedia de re-matrimonio. El señor Popper del título original (Carrey en un papel que se acerca más al de ¡Si y Mentiroso mentiroso que a los Ace Ventura y máscaras que han sabido ver otros) es inmobiliario de Nueva York al que el suceso lo hizo alejar de su familia (separado, su mujer
 está iniciando un romance con otro hombre, y su relación con sus hijos es distante y superficial). Esa situación se modifica con la noticia de la muerte del padre del Sr. Popper (con el que su relación también fue distante), quien le envía como legado a 6 pingüinos con los que habrá de convivir en su lujoso penthouse de Manhattan. Es claro que toda intención de realismo es dejada festivamente de lado; sin embargo, no acaece lo mismo con lo que hace al acercamiento a las relaciones que retrata: una de las razones por las que el film remonta los prejuicios antes aludidos es por la corriente de empatía entre los niños y sus padres (con ellos y entre sí). Contra todo pronóstico, no asistimos (al menos, no exclusivamente, porque el mensaje familiero no podía faltar) a la edulcorada sensiblería propia de algunos productos entre los que prejuiciosamente la incluíamos; aquí hay una impensada dosis de sensibilidad, corazón y compromiso que permite despegar a una disfrutable peliculita.


    Fernando E. Juan Lima


    Publicado en la revista El Amante

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